La convergencia de la luz, la ligereza y el susurro del aire.
El Pendiente Éter expresa la sustancia sutil que, desde la antigüedad, se ha considerado el quinto elemento: el espacio impalpable donde circula la luz y se expande el aire. Sus líneas abiertas evocan el movimiento casi invisible de las partículas suspendidas, ese instante en que el aire vibra, brilla y desaparece en su propia transparencia.
El Éter traduce lo intangible y anuncia la creación y la libertad. En su delicada forma, la joya captura el misterio del aire en su capa más alta, pura y ligera.
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